Origen y Desarrollo Histórico de la Sociología
(Nota: Escrito realizado originalmente en 2014 y publicado en la sección de "Notes" en mi página de facebook https://www.facebook.com/notes/10160334536428712/)
[Ensayo elaborado como parte del curso SOCI3261: Introducción a la Sociología]
Definir el concepto de sociología es una de las tareas más desafiantes para un Sociólogo. Giddens (2000) define la sociología como: “el estudio de la vida social humana, de los grupos y sociedades”, Macionis (1999) la define como “el estudio sistemático, riguroso y científico de la sociedad”, mientras que Torres y Figueroa (2003) ofrecen una definición muy singular de la misma: “… es el estudio de los fenómenos y procesos sociales que no se ven ordinariamente pero que afectan el mundo de las cosas sociales que si vemos y experimentamos todos los días”. Es sorprendente observar que hay tantas maneras definir el término sociología como cantidad de autores que escriben sobre ella. En lo que no hay duda, y en lo que prácticamente todos los sociólogos convergen, es que la sociología pretende poner al descubierto las diversas formas de comportamiento humano en sociedad, desde una perspectiva de evolución histórica, pero a la misma vez formulando teorías que definen ciertos patrones básicos de dicho comportamiento grupal que bien han sido constantes en el devenir del genero humano.
La mayoría de los principales textos de introducción a la sociología suelen ubicar el origen de la sociología (en su sentido de una ciencia con metodología sistematizada) a principios del siglo XIX; lo que no quiere decir que antes de dicho siglo no hubiese esfuerzos e interés por tratar de estudiar y analizar las dinámicas sociales. A pesar de que antes del siglo XIX no se solía estudiar los hechos sociales de la manera sistemática que provee el método científico, existen trabajos formales sobre la temática social que fueron producidos, en su vasta mayoría, por filósofos, académicos y autodidactas, quienes contribuyeron una multiplicidad de obras, escritos, ensayos reflexivos y críticos, etc., en un intento de describir, analizar y comprender las sociedades de sus épocas. El acervo documental y literario occidental disponible permite tomar conocimiento de aportaciones por parte de decenas de filósofos sobre temas sociales varios siglos antes de Cristo, entre los que se destacan Sócrates, Aristóteles y Platón por ser de los más citados. También los escritores clásicos romanos como Lucrecio, Cicerón y Séneca abordaron temas similares a los que hoy son objeto la investigación sociológica. Los análisis de estos, y otros filósofos, sobre la forma de vida de sus sociedades permitieron mantener este acervo documental hasta nuestros días, lo que permite entender sobre las dinámicas sociales en aquellos tiempos. Lo que por un lado evidencian el importante interés del ser humano de conocer más sobre como la sociedad puede influir en su propio comportamiento a medida que la sociedad ha ido avanzando en su desarrollo y evolución; y por el otro, han dejado un legado a las generaciones posteriores que se han beneficiado de contar con información que permita contrastar las formas en que la sociedad ha ido evolucionando en diversos puntos importantes de la historia humana.
Un singular e interesante ejemplo de esos filósofos que analizaron y reflexionaron sobre la sociedad y problemas sociales de sus épocas varios siglos antes del surgimiento de la sociología como estudio sistemático de los hechos sociales lo fue Abdel Rahman_Ibn-Khaldum (1332-1406), quien nació en Túnez y ocupó la catedra de la Universidad de El Cairo. Ibn-Khaldum creía en el estudio riguroso y documentado de la vida social y estaba convencido de que se debía utilizar un método sistemático de comparación entre las sociedades actuales y pasadas para entender el desarrollo de las mismas (Torres Martínez & Figueroa Sifre 2003). Vale la pena destacar la aportación de este hombre a los precedentes de la sociología por dos importantes razones: primero porque poco más de 400 años antes de Auguste Comte este hombre proponía algún tipo de metodología sistemática para analizar la sociedad, segundo porque demostró gran valor al denunciar las problemáticas sociales asociadas al poder político teocrático de su sociedad musulmana. Me parece que está fue la máxima que estos filósofos, que reflexionaron sobre el comportamiento social de sus épocas, siempre persiguieron: una constante búsqueda del entendimiento de las dinámicas sociales para así poder aportar en su mejoramiento y a una sociedad más justa para todos los seres humanos.
Ya adentrados en el siglo XIX se reconoce a la figura de Auguste Comte (1798-1857) como la que comenzó a cimentar las bases científicas para el estudio sistematizado de los grupos sociales. Auguste Comte (1798-1857) se formó bajo el tutelaje de Claude-Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon, quien realizó significativas aportaciones filosóficas al análisis social, principalmente sobre la sociedad industrializada en desarrollo de su época. El contexto histórico que vivió Comte influyó mucho en su visión de mundo. Comte vivió la Francia post revolucionaria y la época de las conquistas napoleónicas, y temía que los excesos de la Revolución francesa hubieran dañado la estabilidad de Francia para siempre (Schaefer, 2006). Se le atribuye a Auguste Comte el haber acuñado el término “Sociología” para denominar a este nuevo campo científico, a pesar de que se le conociera anteriormente como “Física Social”. Una de las aportaciones más importantes que hizo Comte como pilar del modelo conceptual del análisis sociológico se resume en su teoría de los tres estados de la sociedad: teológico, metafísico y positivo, la cual desarrolló como parte de su tesis sobre el positivismo, que plasmó en una de sus obras más importantes como aporte al desarrollo de la sociología: “Curso de Filosofía Positiva”, publicada en el 1842. A grandes rasgos, lo que buscaba Comte con su filosofía positivista era, por un lado establecer que la historia del desarrollo social humano hasta sus tiempos se había basado en los primeros dos estados (teológico y metafísico), y que ya la humanidad estaba preparada para entrar al tercer y último estado de progreso del hombre: el estado positivo; y por el otro formular leyes naturales sobre la organización social que pudiesen proveer marcos teóricos para entender tanto el fenómeno de la estática social, como el de la dinámica social mediante la integración del acervo de las otras ciencias para estudiar la sociedad humana. En otras palabras, constituir una especie de “física de la sociedad” que investigara la realidad social, de la misma forma en que las ciencias naturales observaban a los organismos vivos (Cruz, 2001). Sobre esto Durkheim más adelante concluyó que la mayor parte de los trabajos de Auguste Comte eran demasiado especulativos y vagos, y que no había logrado lo que se había propuesto: darle a la sociología una base científica (Giddens, 2000).
El postulado positivista de Comte fue la base sobre la cual el desarrollo de la sociología se construyó por casi dos siglos, hasta que a finales del siglo XX se desarrollara entre los sociólogos modernos la escuela de pensamiento post-positivista. Según De la Peña y Toledo Laguardia (2002), este método estaba enmarcado en tres reglas básicas: distinguir entre los juicios de hecho y de valor (el científico debe ser objetivo y desechar cualquier explicación subjetiva), los hechos deben ser descritos y explicados (explicación científica que subsume los datos o hechos en una ley), y el empleo y utilización estricta de técnicas científica para conocer la realidad (de esta manera evitar la alteración de la realidad por el propio investigador). El desarrollo del campo de la sociología, y las teorías que de ella surgieron entre mediados del Siglo XIX, y prácticamente el resto del XX, se fundamentaron en una sociedad que seguía la pauta de la ley de los tres estados y estas reglas que se propuso desde la perspectiva positivista. De manera que las explicaciones y significados que se le dieron a los hechos sociales siempre giraron en torno a esta base conceptual. En lo personal, lo más inquietante del postulado positivista para la explicación de los fenómenos sociales es que descarta completamente la existencia de otros fenómenos sociales que se dan a partir de situaciones sobrenaturales en la sociedad, o al menos que no se pueden explicar por las herramientas disponibles del método científico social. Siempre he tenido algún tipo de renuencia en cuanto a la posición de muchos científicos tanto naturales como sociales que descartan de plano la posibilidad de hechos sobrenaturales en el mundo.
Años después de Auguste Comte, a mediados del Siglo XIX, Emile Durkheim (1858-1917) le tocó el rol de dotar a la sociología de la sistematización que provee el método científico orientado al estudio de los fenómenos sociales. Educado en Francia y Alemania, se licenció en Filosofía en 1882 y llegó a ser un prominente profesor de sociología de Francia. Creía que debíamos estudiar la vida social con la misma objetividad con que los científicos se ocupan de la naturaleza (Giddens 2000). Para Durkheim, al igual que cada una de las ciencias naturales conocidas hasta su época, tenían un objeto en estudio específico; en el caso específico de la sociología, Durkheim entendía que debían ser los “hechos sociales”. Y estos hechos o fenómenos sociales serían el objeto puesto a la observación, por lo que debían ser tratados como "cosas" o datos, independientemente de los sujetos conscientes que se los representan (Pioli, 2001). Toda la estructura que Durkheim quería dar a la sociología como método sistemático y científico de estudio la abordó en su obra “Las Reglas del Método Sociológico” que publicó en el 1895. Algunos de los principales postulados de estas reglas son: un hecho social debe ser explicado por otro hecho social y no por causas psicológicas, los hechos sociales deben ser tratados como cosas, y que los hechos sociales son una cuestión científica más que metafísica. Otras obras destacadas del trabajo sociológico de Durkheim fueron: “La división del trabajo social” (1893), “El suicidio” (1897), “Las formas elementales de la vida religiosa” (1912). En relación a esta última obra, Durkheim creía que la religión, cualquier forma de religión con sus normas y prohibiciones, poseía la capacidad de crear solidaridad entre los seres humanos que la profesaban (Cruz, 2001).
Otro considerado como uno de los padres fundadores de la sociología lo fue Karl Marx (1818-1883). Marx fue un filósofo alemán de ascendencia de judía. Se le conoce popularmente por su obra “El Capital” y “El manifiesto Comunista”. Esta última la escribió junto a su colega y contemporáneo Friedrich Engels. Su pensamiento y estudios sociológicos giraron en torno a la existencia del ser humano como condición primordial de la historia, y que este, a diferencia de los animales, tiene la capacidad de usar la razón y la imaginación para actuar sobre la naturaleza, y producir sus propios medios de subsistencia. En este contexto, las estructuras económicas que la sociedad construye para satisfacer las necesidades humanas juegan un papel importante en el ordenamiento de la vida de esta. Para entender la sociedad, Marx pensaba que era necesario entender la historia de las estructuras económicas que los seres humanos habían creado (Torres Martínez & Figueroa Sifre, 2003). La aportación de Marx al estudio de la sociedad post industrial-capitalista fue bien amplia, y su sociología contrasta mucho con las de otros sociólogos contemporáneos como Comte y Durkheim. Según Giddens (2000) la perspectiva teórica de Marx se basa en lo que él llamó la concepción materialista de la historia; esta concepción propone que las principales causas del cambio social no son las ideas o los valores de los seres humanos, sino que está primordialmente inducido por influencias económicas, y que el conflicto entre las clases (ej. ricos vs. pobres) constituye el verdadero motor de su desarrollo histórico. Todo lo anterior mencionado, Marx lo resume en su famosa expresión: “Toda la historia humana hasta el presente es la historia de las luchas de clases”.
Estos tres personajes anteriores sentaron las bases para las próximas generaciones de sociólogos, principalmente los destacados en el siglo XX. Pero su afán por estudiar la sociedad no se dio en un vacío. Estos hombres fueron directamente impactados por eventos de gran trascendencia que revolucionaron el mundo conocido. Entre esos principales eventos se destacan: la revolución industrial, la revolución americana, la revolución haitiana y la revolución francesa. De estos, es posiblemente la revolución industrial el evento que más impacto tuvo en aquel momento en la vida estos padres fundadores sociología. Ésta marcó un importante punto de inflexión histórico-sociológico, donde el mundo conocido de la época pasó, en un periodo de tiempo relativamente corto, de ser una sociedad rural-agraria-artesanal a una sociedad urbano-industrial-capitalista, con las consabidas consecuencias económicas, sociales, espirituales, familiares y políticas que son objeto de mucho debate y reflexión crítica. Dicha revolución industrial inició a mediados del siglo XVIII y se extendió hasta varias décadas después. Su epicentro fue en la sociedad británica, pero poco a poco al pasar las décadas su influencia no tardó en extenderse, tanto al resto de Europa (incluida Francia), como a norte américa y otras partes del mundo. Entre los principales problemas que trajo consigo la transformación social tras el proceso de industrialización y producción en masa fueron la contaminación ambiental, las grandes migraciones del campo a la ciudad, la explotación del trabajador, el desempleo, la pobreza, el maltrato infantil, la anomía, entre muchos otros.
Aunque la transformación que sufrió el mundo tanto en términos políticos, como económicos y sociales, como consecuencia de la Revolución Industrial tuvo mucha influencia tanto en el pensamiento de Auguste Comte, como en el de Emile Durkheim, a mi modo de ver, uno de los que vivió más de cerca esta sociedad capitalista-industrial-urbana, y pudo analizarla de primera mano, y al que considero como uno de los más férreos en sacar a la luz su lado oscuro, fue Karl Marx. Marx vivió en Inglaterra unos buenos años de su vida personal y profesional, y allí, entre otras cosas se dedicó al estudio de la obra de los economistas clásicos: Adam Smith y David Ricardo. Observando la dinámica social de la Inglaterra industrializada desarrolló una sociología principalmente desde el punto de vista económico. Marx fue un efusivo crítico de los abusos e injusticias que surgieron como consecuencia de la nueva sociedad capitalista-industrial tras la Revolución Industrial. Para él las relaciones económicas, sociales y políticas construidas alrededor de este nuevo sistema social estaban inclinadas a mantener el poder y la dominación de los propietarios sobre los trabajadores (Schaefer, 2006). A partir de este punto histórico, Marx concibe la sociedad cómo un sistema de dos clases enfrentadas, una minoría de capitalistas que poseen los medios de producción que les permite acumular cada vez más capital y una gran masa de trabajadores que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir (Grimaldi Rey & Cardenal de la Nuez, 2006). De esta manera Marx, junto a su colega Engels en su obra conjunta “Manifiesto Comunista” hace un llamado a la clase trabajadora a organizarse y contrarrestar dicho sistema de clases conformado por un lado por capitalistas-industriales (burguesía) y por otro por la clase trabajadora (proletariado).
Aunque Emile Durkheim nació muchas décadas después de la revolución industrial, por lo que su mundo conocido ya estaba influenciado por el modo de vida urbano-industrial. Sus aportes sociológicos más influyentes fueron realizados entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. No obstante Durkheim vivió y fue influido por la época del auge y la consolidación de este modelo socio-económico, en la que sus consecuencias sociales más oscuras siempre fueron evidentes. Como a otros padres fundadores de la sociología, a Durkheim le preocupaban mucho los cambios que en su época estaban transformando la sociedad (Grimaldi Rey & Cardenal de la Nuez, 2006). Sus obras “La división del trabajo” (1893) y “El suicidio” (1897) en alguna medida reflejan la influencia de la sociedad europea industrial en su pensamiento y su enfoque sociológico. En ese contexto, posiblemente una de las aportaciones más poderosas de Durkheim al análisis de la problemática social surgida como secuela de una sociedad que pasó (prácticamente de la noche a la mañana) de ser una sociedad agraria-artesanal-rural a ser una capitalista-industrial-urbana fue del desarrollo del concepto de anomía y sus estudios sobre el suicidio. Según Durkheim, los procesos de cambio en el mundo moderno son tan rápidos e intensos que crean grandes trastornos sociales, que él vinculaba con la anomia, una sensación de falta de objetivos y de desesperación producida por la moderna vida social (Giddens, 2000).
Es un poco decepcionante ver que la mayoría de los libros de textos y material consultado para este escrito es muy poco lo que se menciona de mujeres que hicieron grandes aportes al campo de la sociología. Posiblemente Harriet Martineau fue la mujer que abrió brecha a toda una serie audaces mujeres a entrar a este fascinante campo del saber humano, y realizar grandes aportaciones, no solo académicas y documentales sino también por su involucramiento directo en el activismo en pro de la justicia social. Martneau nacida en Inglaterra, de padres franceses, fue una mujer que desde muy joven, de manera autodidacta, comenzó a observar y estudiar sistemáticamente hechos sociales de su época. Aunque más adelante cursó estudios formales universitarios en los campos de filosofía y ciencias sociales, ya a la temprana edad de 17 años publicaba sus primeros artículos periodísticos con contenido de las costumbres sociales en su época. Fue traductora de Auguste Comte de sus obras en francés al inglés, y sin duda, esta experiencia le benefició mucho en seguir potenciando sus habilidades sociológicas. Se le conoce como “la madre de la sociología” por ser, al igual que lo fue Auguste Comte para el género masculino, la precursora del estudio de los hechos sociales de manera sistemática, con un rigor más allá de lo meramente filosófico. Martineau viajó a los Estados Unidos en 1834 y una de sus mayores aportaciones literarias tras el mismo fue la publicación del libro “Society in America” en 1837 en el que presentó su estudio sociológico de la incipiente sociedad estadounidense. Su estudio abarcó áreas como la tolerancia religiosa, organización política, sistema de educación, dinámica de inmigración, derechos de la mujer, emancipación de esclavos, entre otros (Shaefer, 2006). Uno de los movimientos en los que Martineau estuvo más activamente envuelta en su viaje a Estados Unidos fue en el de la abolición de la esclavitud. Martineau creía que los intelectuales y académicos no debían limitarse a ofrecer solo observaciones de las condiciones sociales, sino que moralmente tenían la obligación de actuar según sus convicciones a la justicia social (Shaefer, 2006). Sin duda, Harriet Martineau fue una mujer que abrió la brecha para que mujeres de la talla de Jane Addams en Estados Unidos, Beatrice Potter Web en Inglaterra, Marianne Webb en Alemania, entre muchas otras grandes mujeres de la sociología, pudiesen desatacar en su aportación a este campo.
Grimaldi Rey y Cardenal de la Nuez (2006) expresan que: “La sociología nos muestra las pautas y procesos sociales que terminan afectando nuestras acciones y nuestras decisiones”. Un aspecto que me ha llamado mucho la atención en el proceso de definir lo que es la sociología y analizar sus antecedentes históricos es el carácter dual del comportamiento del ser humano basado en dos naturalezas que lo impulsan: por un lado la naturaleza intrínseca (el funcionamiento de su psiquis, características genéticas que condicionan su temperamento y otras respuestas psicomotoras) y por el otro la naturaleza extrínseca (la que se ha formado por medio de la exposición a experiencias sociales y lo han ido condicionando con el paso del tiempo). Me lleva a pensar en esa famosa frase de los Tres Mosqueteros: “Todos para uno y uno para todos” en el sentido de que no podemos desvincular al ser humano de su contexto sociocultural, y que la sociedad tiene tanta influencia en él como la que él puede impartirle a ella. Tampoco me puedo quitar de la mente el visualizar esto basado en la analogía de la relación entre el átomo y las moléculas en el campo de la química. Mientras un átomo es la unidad básica del elemento (una parte del todo), la molécula se compone de la unión de muchos átomos de diferentes elementos para conformar algo nuevo. Cuando ese átomo se une a los átomos de otro elemento y conforman algo nuevo en una molécula, las propiedades individuales de ese átomo pasan a un segundo plano y pasan a brindar un nuevo servicio a la naturaleza. De allí surge el agua (H2O), la sal (NaCl), el oxígeno (O2) etc. Cada persona individual representa ese solo átomo individual con sus características y modos de reaccionar particulares, pero cuando ese individuo se inserta como parte de un grupo, desde uno tan básico como la familia hasta uno más complicado como el lugar de trabajo, forma algo nuevo (una molécula), y a su vez, su modo de comportarse o proceder se torna en uno diferente a cuando actúa por sí solo. Así por lo menos es como yo lo veo.
La sociología a fin de cuentas lo que pretende es estudiar, de manera formal y documentada, como los seres humanos suelen comportarse cuando son parte de un grupo. Y ahora puedo decir que estoy claro en lo que eso significa, y me ha ayudado a comprender y dar el valor que merece a muchos de los grandes aportes al conocimiento humano que esta disciplina del saber nos ha legado.

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