Libertad en la difusión de ideas en la democracia: ¿Responsabilidad o Rienda suelta?

 

 (Nota: Escrito realizado  originalmente en el año 2013 y publicado en la sección de "Notes" en mi página de facebook https://www.facebook.com/notes/10160334528698712/)


"Medir las palabras no es necesariamente endulzar su expresión sino haber previsto y aceptado las consecuencias de ellas" -Abraham Lincoln

 Una de las cosas que distingue al ser humano, del trasfondo que sea, sea de clase alta, media o baja, sea pobre o rico, sea intelectual o no tan intelectual, sea una persona de mayor de edad o menor, etc., es su deseo de expresar lo que piensa o siente, por cualquier medio o forma que tenga a su haber;  y que esa expresión sea recibida, compartida y considerada por otras personas. Los medios y formas de expresión son variados, y son a través de ellos que las personas descargan su deseo de dejar un legado por el cual se les recuerde. Muchos han alcanzado el sitial privilegiado de que su expresión haya trascendido y llegado a ser escuchada, leída o vista a nivel del mundo entero. Sin duda esa es posiblemente la meta de todos. Aunque no  hay porque minimizar el logro de otros que han logrado alcanzar considerables seguidores y admiradores por sus expresiones, tanto  a nivel de su país, como de su pueblo, comunidad, o simplemente  su ámbito social más próximo como lo son sus familiares, parientes y amigos.

Sea como sea, los seres humanos constantemente están buscando formas y maneras de conectar con más y más personas y sentir que son de impacto a otras.  En esa conexión buscan comunicar todo tipo de  afecto, emociones, deseo de superación, hermandad, humanitarismo, solidaridad, generosidad, frustración, optimismo, empatía, etc. La historia humana así lo ha dejado en evidencia, y así lo podemos observar y palpar en nuestro diario vivir. La expresión en sus distintas variantes ha sido el vehículo por excelencia para ello. 

Una de las formas de expresión más empleadas por las personas es la  comunicación de ideas por medios verbales o escritos. Y en ese sentido, sin duda la tecnología de las redes sociales cibernéticas desarrolladas en la pasada década (primera década del siglo 21) ha permitido una efectiva plataforma de expresión accesible a cualquier ciudadano común. Cabe aclarar que también existen otras formas de comunicación no escrita disponible en las distintas modalidades de redes sociales por medio del internet,  tales como ilustraciones, fotos, videos, gráficos interactivos, etc.

Es sorprendente la manera en la que el mundo tecnológico de hoy ha abierto y puesto a la disposición esta vía de comunicación a cualquier tipo de persona, sin distinción de credo, lengua, condición social, condición económica, etc. Virtualmente no hay límites para poder contar con un vasto público, tanto a nivel local como internacional, a quien uno poder expresar lo que piensa y su análisis crítico sobre vivencias, situaciones y circunstancias como parte de la condición humana que compartimos todos los congéneres.

Y es que en un mundo donde habitan más de 7 billones de seres humanos; gente con sus diferentes historias de vida en su lucha por existir y sobrevivir, todos añoran un espacio donde poder hacer algo que llame la atención de una mayor cantidad de personas hacia la suya. Como dice el dicho: "Cada persona es un mundo".  Y ahora virtualmente tienen ese espacio de conocer a más y más personas por los medios que provee la maravilla del internet. Lo que nos lleva a la cuestión de reconsiderar y contextualizar lo que encierra la frase: "Si crees que lo has visto todo...". Porque potencialmente en este globo terráqueo en que vivimos existen por lo menos 7 billones de mundos para conocer.

Algunos usan el medio tecnológico de las redes sociales tanto para expresar mensajes positivos, testimonios de vida inspiradores y reflexiones sobre la vida por demás. Otros lo utilizan para expresar ideas desde las más radicales hasta las más conservadoras. Otros lamentablemente utilizan el medio para comunicar cosas nocivas, a veces con toda la mala intención, otras por ignorancia. Y con ese pretexto se pueden encontrar toda clase de aberraciones que llevan a uno hacerse la pregunta: ¿hasta dónde hay que trazar la raya de la libertad de difusión por los medios cibernéticos, teniendo en cuenta lo que va en detrimento de nuestra salud espiritual, emocional y psicológica?

Aunque la "Declaración Universal de Derechos Humanos" de la ONU nos da, hasta cierto punto, "cierta licencia" para expresar y opinar lo que queramos y como queramos, me parece que el asunto no es tan sencillo, y no se trata simplemente de expresarse en un vacío. Como yo lo veo, desde el punto de vista de la responsabilidad social y civismo a los cuales nos debemos, lo que expresamos debería cumplir unos requisitos mínimos de asertividad y elocuencia.

La asertividad suele definirse como: “un comportamiento comunicacional en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos. Cabe mencionar que la asertividad es una conducta de las personas, un comportamiento. Es, también, una forma de expresión consciente, congruente, clara, directa y equilibrada, cuya finalidad es comunicar nuestras ideas y sentimientos o defender nuestros legítimos derechos sin la intención de herir o perjudicar, actuando desde un estado interior de autoconfianza, en lugar de la emocionalidad limitante típica de la ansiedad, la culpa o la rabia." [http://es.wikipedia.org/wiki/Asertividad]

El diccionario de la lengua española define elocuencia como: "Facultad de hablar o escribir de modo eficaz para deleitar, conmover o persuadir. Eficacia para persuadir o conmover que tienen las palabras, los gestos o ademanes y cualquier otra acción o cosa capaz de dar a entender algo con viveza."

Por ejemplo en el caso de una expresión escrita o verbal, si bien es cierto que siempre cabe la posibilidad de tener una audiencia solidaria a nuestra forma de pensar, no importa cuán radical sea, no es incompatible que también se pueda tener la admiración de aquellos, que aunque no estén de acuerdo con nuestro modo de pensar, al menos puedan elogiar la elegancia, buen gusto, sentido común y responsabilidad con que se expresa. Posiblemente esos con quienes no congeniemos en nuestra forma de pensar podrían, como mínimo,  diferir con respeto y civismo.

Sobre todo, cuando que se trata de comunicar un mensaje o una idea que otros compartan, no debería ser una carga el esfuerzo por elaborar un mensaje con los mínimos cuidados de elegancia, buen gusto y elaboración para que no pierda la esencia ante la audiencia a quien se aspira sea solidaria con lo expresado. Para que esa expresión tenga una audiencia adecuada y sostenible, y se tome con la seriedad que merece, se debe asegurar que esa expresión tenga, además, un mínimo de sustancia, contenido, fundamento y un objetivo sensato. Eso mostraría gran sentido de responsabilidad a la hora de comunicar el mensaje que se quiere llevar, y sin duda, el resultado será beneficioso a la sociedad.

Sin embargo, cuando se emplea el poder de la expresión (quizás con buenas intenciones) sobre unas bases irresponsables, el resultado, con toda probabilidad, terminará en la dirección opuesta con consecuencias desde negativas hasta nefastas. Aun asumiendo que las intenciones no fuesen perversas de su faz.  ¿Cuál es la consecuencia de llevar a cabo un acto de irresponsabilidad predicado en la "buena intención"? Como dice el dicho: "De buenas intenciones está pavimentado el camino del infierno".  Una persona así es un peligro en potencia. Los daños colaterales pueden ser irreparables. Como dice otro conocido adagio: "No hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa". Esa rienda suelta de expresión disparatada desestabiliza nuestro entorno. Es nuestro deber saber diferenciar "la paja del grano". ¡Está el disparatero en la calle "que hace orilla"!

Democracia se define como: "Doctrina política en favor del sistema de gobierno en que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección libre de sus dirigentes." Según Abraham Lincoln: "La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo." La democracia es más fuerte cuando el pueblo está debidamente documentado y educado, y cuenta con la mayor cantidad y calidad de información para la toma de decisiones. Es necesario que ese intercambio interpersonal democrático del ejercicio de la libertad en la difusión de ideas, sea de una manera asertiva; porque implica un esfuerzo bien ponderado de procesamiento de información y de estructuración y articulación de ideas. Implica un ejercicio responsable de documentarse bien, un empleo reflexión profunda previo a pronunciar una idea o pensamiento. Tener la capacidad para la expresión asertiva, de seguro, evitará el trago amargo  de quedar en ridículo ante una audiencia exigente a quien se expone. Receptores de un mensaje, que lo mínimo que merecen es decoro de nuestra parte al procurar su consideración sobre lo que proponemos comunicar. 

Lo contrario es lo que yo llamo "la expresión a rienda suelta", que es emitir una opinión por opinar, pero sin bases y fundamentos. Los que lo hacen, justifican tal acción apelando a su "derecho de libertad de expresión". Se olvidan que los derechos van atados a las responsabilidades. La expresión a rienda suelta (la mera opinión por opinar sin fundamento) sin el cuidado del  buen contenido y con bases fundamentadas es un acto de irresponsabilidad que hace un flaco servicio a la democracia.

Como yo lo veo, una sociedad democrática no puede ser efectiva, progresista y sostenible si sus ciudadanos no aprenden el arte de la comunicación asertiva y elocuente. Este es un aspecto que todos debemos procurar ejercitar y fortalecer. Podemos estar seguro, que redundará en un bien colectivo y al mejor manejo de la difusión de las ideas.




Comentarios

Entradas populares de este blog

De cara al plebiscito de status 2020: Ahora o nunca

La degradación a chatarra del crédito del gobierno de PR: El lobo finalmente llegó