De cara al plebiscito de status 2020: Ahora o nunca
De cara al plebiscito de status 2020: Ahora o nunca
Una cita con la historia
Ya es un
hecho concreto y oficial el que los residentes electores hábiles de esta isla
nos aprestamos a participar en un nuevo evento plebiscitario pautado para el mismo
día de las elecciones generales, este próximo martes 3 de noviembre de 2020. A
diferencia de plebiscitos de estatus anteriores, la manera en que está
planteado éste ineludiblemente busca, en mi opinión, cortar por lo sano de una
vez y por todas sobre la deseabilidad de los puertorriqueños en cuanto a la
estadidad para Puerto Rico. Al fin les llegó (en cierta medida) a los
puertorriqueños, como dijo en su día Pedro Albizu Campos: "el momento de
la suprema definición", ya que finalmente la sociedad puertorriqueña no
tiene escapatoria alguna en cuanto a su deber de hablar claro y ser tajante sobre cual es su
posición relativo a la ESTADIDAD.
En otras
palabras, lo que verdaderamente representa este ejercicio plebiscitario para
los puertorriqueños, en arroz y habichuelas, es que al fin tendrán que auto
evaluarse y auto examinarse, y dar una contestación clara y diáfana, de una vez
y por todas, a la pregunta más importante que tenemos que encarar los
puertorriqueños que hemos vivido en una colonia y territorio de los Estados
Unidos por más de 120 años: ¿Nos concebimos los puertorriqueños como un pueblo
separado (mutuamente excluyente) del pueblo americano, o por el contrario, nos
concebimos parte integral y funcional de esa sociedad como un todo? ¡El momento
de la verdad ha llegado!
He tenido
la oportunidad en innumerables ocasiones expresar por las redes sociales,
principalmente el medio de Facebook, sobre la importancia de que el pueblo de
Puerto Rico le dé una solución final y definitiva a su problema inconcluso de
su estatus político colonial-territorial. En esas instancias suelo indicar que
de las tres soluciones disponibles y avaladas por el derecho internacional (ESTADIDAD,
Independencia o Libre Asociación) la alternativa más lógica para los
puertorriqueños es la ESTADIDAD. Véase que no estoy indicando necesariamente
que es la mejor, sino simplemente me refiero a ella como la más lógica por
razones que ya he esbozado y abordado en el pasado en mis escritos. (Puede
acceder a mis escritos a: https://www.facebook.com/jabonilla77/notes). No
obstante, por este escrito pretendo, más bien, reflexionar en cuanto a lo que
considero como el “enrredo mental” que tienen muchos puertorriqueños en relación
a la llamada “identidad puertorriqueña” en el contexto de nuestra relación
política, social y económica con los Estados Unidos de América, y su vínculo
con la solución del problema del status político de Puerto Rico.
El peso muerto del Estado Libre Asociado
Antes de
entrar a lo medular de este escrito, deseo contextualizar el hecho de que la
evidencia disponible apunta a que el actual régimen político puertorriqueño
denominado ELA, no simplemente no da para más, sino que en las últimas décadas
se ha convertido en “peso muerto”, el mayor obstáculo al desarrollo
socioeconómico puertorriqueño. Aunque, podemos estipular para el récord
histórico y sociológico (en un efuerzo de honestidad intelectual), el reconocer
que el ELA fue un arreglo político que ayudó a PR a constituirse en gobierno
propio y forjar sus bases económicas-industriales, principalmente entre los
años 1952 al 1973, la realidad es que el mismo Muñoz Marín (padre putativo,
intelectual y espiritual de esta criatura) cuando lo concibió, estaba claro que
se trataba de un estatus transitorio hacia la ESTADIDAD o la independencia. En
otras palabras, el pueblo en su momento, quizás “cuando estuviera maduro para
ello”, no tendría otra alternativa histórica que decidir moverse hacia adelante
ya fuese hacia la independencia o hacia la ESTADIDAD. En cambio, nuestra
sociedad, lejos de eso, se decidió por la nefasta apuesta de pretender extender
la vida útil al ELA 40 o 50 años más de para lo que fue diseñado, y henos aquí
hoy día con su legado.
¿Qué cuál
ha sido ese legado? ¡Bendito! ¡La pregunta nada más ofende! Pero como para
muestra con un solo botón basta, baste solo con mencionar algunas: una economía
en depresión desde 2006 que pisa y no arranca (la realidad es que evidencia
disponible y el consenso entre los economistas apunta a que la economía de PR
ha venido perdiendo terreno y competitividad desde la década del 1970), falta de herramientas,
tanto políticas como económicas para precisamente poder salir de esa crisis,
trato desigual en los programas federales en comparación a nuestros
conciudadanos en los 50 estados, quiebra del ELA, Ley PROMESA, la Junta de
Control Fiscal Federal, entre las más destacadas.
No faltarán
quienes rehúsen darme credibilidad alguna al sostener esta conclusión y visión
del fracasado ELA por mis convicciones estadistas. ¡Ok! ¡Estipulado! Pues no me
crean a mí. Pero al menos créanle a quien fue el candidato a Comisionado
Residente y compañero de papeleta del Ex Gobernador Alejandro García Padilla en
las elecciones 2012; uno de los más prolíficos líderes e ideólogos del PPD,
Rafael Cox Alomar, quien escribió para el rotativo español “El país” la columna
titulada: “La encrucijada puertorriqueña”, en la que pronunció lo siguiente:
"El experimento constitucional que Estados Unidos urdió a finales de la
administración Truman, cuando la Guerra Fría iba ganando mayor intensidad y se
dio a conocer como el “Estado Libre Asociado de Puerto Rico”, colapsó. Y todo
el andamiaje económico de corte neocolonial que lo sostenía, preconizado sobre
la completa claudicación de la isla del control político sobre las variables
económicas que inciden directamente sobre su vida, se vino abajo como castillo
de naipes.". No me creen a mí, pues créanle al reconocido economista y
catedrático universitario e independentista Dr. Francisco Catalá, quien
escribió en las páginas 169 y 170 de su libro publicado en el año 2013 bajo el
título: “Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell”, lo
siguiente: “¿Se encuentra Puerto Rico en una de tales coyunturas críticas? Así
parece. El orden colonial está en franca descomposición. Las manifestaciones de
su disfuncionalidad económica –virtual desaparición de la agricultura, contracción
en la manufactura, desproporción en la estructura de propiedad entre residentes
y extranjeros, remisión del excedente hacia el exterior, desempleo, deserción
del mercado laboral, desigualdad en la distribución de ingresos y riqueza,
dependencia. Insuficiencia fiscal, endeudamiento, florecimiento de la economía
subterránea, etc.- se están tornando insostenibles. La descomposición social se
revela en las altas tasas de criminalidad, el empobrecimiento de la vida
cotidiana, desmantelamiento institucional y la corrupción en la gestión
empresarial y gubernamental. En la dimensión de la política partidista se
oscila, cada vez mayor frecuencia, entre la vulgaridad y el delito.”. Como
dirían en el argot legal: “Admisión de parte, relevo de prueba”.
La necesidad de movernos hacia adelante
Es
importante haber hecho la relación de hechos anterior porque es hora de
despertar de una vez y por todas del sueño de las glorias pasadas, de dejar de
vivir en la luna de valencia del macondo puertorriqueño. No miremos al pasado con
nostalgia, sino miremos ese futuro que queremos dejarles a nuestros hijos y
nietos. Como diría alguna vez el notorio Pastor Anglicano Frederick William
Robertson (1816-1853) "Hay un pasado que se fue para siempre, pero hay un
futuro que todavía es nuestro." ¿Acaso queremos dejarle a sus nuestros
hijos y nietos un Puerto Rico en la crisis económica en que se encuentra
sumido? ¿Acaso es ese el legado que le queremos dejar a las próximas
generaciones?
La realidad
es que hace tiempo debimos haber tomado la decisión definitiva para darle fin
al asunto inconcluso del “déficit democrático” (como le reconoció el fenecido
Ex Gobernador Rafael Hernández Colón) de nuestra sociedad puertorriqueña bajo
el ELA. Ya que no lo hicimos, de manera clara en las oportunidades que se nos
presentaron anteriormente (1993, 1998, 2012 y 2017), no desaprovechemos esta
gran oportunidad histórica que nos brinda el evento plebiscitario de este
próximo 3 de noviembre. ¡Mi gente esto no pare más! O nos decidimos por la ESTADIDAD
o la rechazamos de plano votando por el NO, y con ello atengámonos con igual
valentía y gallardía a lo que esa decisión implique, al abrirse la posibilidad
de que Puerto Rico se mueva eventualmente hacia la Soberanía Nacional (ya sea
en la modalidad de República Asociada o completamente separada de EU). Pero
decidámonos al fin con un voto contundente hacia una opción u otra, y dejemos
saber lo que queremos claramente establecido, sin lugar a inferencias mayores. Dejemos
saber con contundencia que ya estamos cansados de ser la colonia más antigua
del hemisferio americano, sino del mundo.
Es de
esperarse que los inmovilistas y obstruccionistas de la descolonización de
Puerto Rico de siempre, los “usual suspects”, que nunca tardan en el empleo de
sus diatribas en contra de todo proceso plebiscitario, nuevamente intentan,
como parte de sus agendas para mantener el “statu quo”, manipular a su antojo la
“psiquis” colectiva de nuestro pueblo para con ello inducir la parálisis y el
miedo a la definición. No faltarán líderes populares influyentes como Aníbal
Acevedo Vila, Alejandro García Padilla, Eduardo Bhatía entre otros, que
utilizan y manipulan a su antojo el concepto de identidad puertorriqueña para,
en alguna medida, hacer creer a los puertorriqueños que es incompatible nuestra
puertorriqueñidad en la ESTADIDAD. Se trata de una patraña porque el mero hecho
de que seamos un estado de la unión americana no hace incompatible ni inviable
el desarrollo de nuestra puertorriqueñidad. Quien lo esboza le miente al
pueblo, y peor aún insulta su inteligencia. Esa gente distorsiona el concepto
de “identidad” en su dialéctica para avivar principalmente a sus huestes
populares porque saben que este tipo de discurso, halado por los pelos,
tergiversado y retorcido a su antojo, todavía apela a la fibra moral de un
sector de puertorriqueños. Para con ello motivarles a dejar en blanco la papeleta
plebiscitaria, y nuevamente tener un 2012, con un resultado plebiscitario diluido,
que no quedó claramente definido por los puertorriqueños, y que muy poco pudo
adelantar la agenda de la descolonización en el congreso de USA. O para provocar
otro 2017, promoviendo una baja participación del electorado en el plebiscito
abonando con ello a la falta de seriedad y voluntad del congreso para
solucionar nuestra situación de indefinición política. Hay que demostrarle a ese
tipo de personas que los puertorriqueños no nos chupamos el dedo, que los
dientes de leche se nos cayeron hace tiempo, que ya no estamos en la época
donde la gente se creía que los perros se amarraban con longaniza y que la luna
era de queso y se comía con miel.
Para mí, lo
más patético e indignante del liderato popular que se opone a la ESTADIDAD y a
la consulta plebiscitaria es que buscan apelar a la gente por medio de su logo
tipo. Ellos dicen que es el único partido político que defiende su concepto
errado de “puertorriqueñidad” porque en su logo tipo tienen la figura del “jíbaro”,
o el arquetipo del puertorriqueño como se le concebía en los tiempos de los años
30's. Considero esto un verdadero insulto a la inteligencia del puertorriqueño
del Siglo 21. Puertorriqueños de nuevo cuño que hemos superado y dejado atrás
aquella triste realidad histórica. Puertorriqueños de nueva cepa que hemos
dejado atrás el paradigma de aquella generación de los 30’s, 40’s y 50’s de
personas mayormente analfabetas y poco instruidas en cuanto a sus derechos
fundamentales. Gente que fue víctima de
los sueños que le vendió, principalmente, un populista, carismático y gran
orador, Luis Muñoz Marín, con el llamado ELA. Hoy día las cosas son muy
diferentes. El juego actual es uno muy distinto. ¡A otro perro con ese hueso!
Eugenio
María de Hostos dijo una vez: “La democracia es una ficción cuando no hay
pueblo… sin educación del pueblo no habrá jamás verdadero pueblo; sin pueblo
verdadero, la democracia es una palabra retumbante, no un sistema de gobierno”.
Tal pareciera que estos líderes populares lo que pretenden es que los
puertorriqueños, en pleno siglo 21, sigamos siendo jibaros analfabetos, a
quienes poder manipular fácilmente, y que no aspiremos a nada más que a vivir y
trabajar en condiciones de inferioridad y precariedad, como los vivió el jibaro
puertorriqueño de esa época. ¡Que indignante! Como diría Carlos Romero Barceló:
“¡Ay deja eso Rafael…!” Yo le digo al pueblo que no se dejen engañar ni comprar
la realidad retorcida que habrán de pintar estos líderes del PPD con el
objetivo principal de retrotraer a una época caduca de nuestra historia, y con
ello desanimar a los puertorriqueños a definirse políticamente de una vez y por
todas. Puerto Rico merece algo mejor que más de la quiebra del ELA. El pueblo
puertorriqueño merece superar la pesada carga que representa el ELA en sus
vidas. El pueblo merece seguir hacia adelante con las herramientas poderosas
que le brindarán la estabilidad de un status político no colonial y no
territorial, como lo sería, en nuestro caso, la ESTADIDAD para labrar su
porvenir. Herramientas que sin duda hoy día no tiene o posee bajo el desgastado
y anacrónico régimen político del ELA.
El momento de la verdad, ..., el momento de la
suprema definición
Habiendo
dejado el punto anterior meridianamente claro, ahora es que viene lo bueno. A
mi juicio, el dilema más importante que tienen que enfrentar, definir y
resolver los puertorriqueños ante el nuevo evento plebiscitario tiene que ver
precisamente con el concepto de identidad puertorriqueña pero visto desde la
óptica correcta. En otras palabras, llegó el momento de la verdad en la que los
puertorriqueños tendrán que mirarse interiormente en este ejercicio moral y
espiritual. Ejercicio que gran parte de los puertorriqueños han relegado por
años y décadas. Le han huido "como el diablo a la cruz". Ejercicio
que una gran porción sustancial de puertorriqueños, principalmente, los que
padecen del problema (o jaibería) de querer tenerlo todo (ej. “querer tener el
pájaro en mano y a la misma vez los cien volando”), se las habían arreglado muy
bien, hasta la fecha, para obviarlo, vedarlo y evitarlo a toda costa. Como
diría Pedro Albizu Campos: “o yanquis o puertorriqueños”. Para estar claros,
hago la distinción de que existe otro grupo de puertorriqueños (en los cuales tengo
la esperanza de que sobrepasamos más de la mitad de la población) que hace
mucho tiempo hemos realizado este ejercicio liberador, y que hemos superado esa
etapa crítica de nuestras vidas. Y al día de hoy, los que nos identificamos en
ese grupo estamos más que claros en cuanto a lo que queremos y hacia dónde
queremos ir en relación al asunto de la definición política de PR. Vamos a por
la aspiración definitiva de un status no colonial y no territorial. Queremos
movernos hacia adelante y superar este bochornoso escollo colonial inconcluso
de la historia y democracia puertorriqueña.
Este tema
de la indefinición política de Puerto Rico no solo es uno bochornoso, sino que,
además, nos ha tenido divididos y estancados como sociedad. Es un tema que cada
vez nos consume importantes energías en el debate diario. Energías que, de no
tener este obstáculo de por medio, bien pudiéramos estar empleando en asuntos
más medulares como la búsqueda de nuevas maneras de hacer nuestra economía una
más robusta, dinámica y sostenible, y en el cultivo de aquellos valores que
hagan de nuestra convivencia en sociedad una mejor y más saludable.
En los
párrafos iniciales de este escrito dejé la siguiente premisa en el tintero, la
cual esbozaré a partir de aquí a modo de pregunta: ¿debemos concebirnos los
puertorriqueños como un pueblo separado (mutuamente excluyente) del pueblo
americano, o, por el contrario, nos debemos concebir como parte integral y funcional
de esa sociedad en un contexto más amplio? Respecto a este asunto hay quienes
se preguntan: ¿dónde encajamos los puertorriqueños en el ideario americano? Y lo
primero que hay que entender y poner en la justa perspectiva es lo relativo al
paradigma sociológico del pueblo americano. Hoy día la población de la nación
americana ya no está conformada (si es que realmente alguna vez lo estuvo) por
lo que en el pasado se conocía como el "Whiteman-Saxon-Protesant".
Hoy día la sociedad americana está compuesta por una amalgama de inmigrantes de
diferentes extracciones internacionales, razas y etnias. Y cabe destacar que en
ese concierto de etnias y extracciones la hispana ha ido cobrando más poder e
influencia en esa nación cada día que pasa. Además, en ese contexto de la
influencia hispanoamericana dentro del ideario más amplio la sociedad
americana, nosotros como ciudadanos americanos de origen puertorriqueño, en
nuestro contexto también de origen hispánico, estamos en mejor situación con
respecto a los conciudadanos americanos proveniente de otras extracciones
hispánicas.
Lo segundo
que hay que entender en todo este imaginario es el hecho de que bajo la
constitución americana los ciudadanos americanos conformamos un "Melting
Pot" bajo la consigna de "E Pluribus Unum". De manera que, lo
que nos hace americanos no tiene que ver ni con la raza, ni con el origen
étnico, ni con la extracción; lo que nos hace americanos es el hecho de
compartir los mismos valores que llevaron a la Revolución Americana e
inspiraron la declaración de Independencia de EU. Los que nos hace realmente
americanos, sin que eso sea incompatible con ser puertorriqueño, es compartir
los valores de la democracia, libertad del individuo, derecho a la vida,
derecho a la propiedad privada y derecho a perseguir la felicidad que inspiraron
esa gran constitución americana. Lo que nos hace americanos es compartir el
fruto del resultado del experimento de la democracia americana, concebidos en
la realización del "sueño americano" y el disfrute del "american
way of life".
Tercero,
ciertamente hay que contextualizar que es entendible el hecho de que los
puertorriqueños de la generación que nació antes de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico en
el 1898, y que vivieron la transición de un Puerto Rico bajo el régimen español
al nuevo régimen americano, sintiesen sentimientos encontrados en cuanto a su
identidad nacional, ya que primero pertenecían a otra nación (España), para
luego ser parte de una nueva a la que tuvieron que acostumbrarse (USA). Si bien
esto no deja de ser cierto, tampoco deja de ser cierto el hecho de que la
realidad histórica y sociológica que nos atañe al día de hoy es totalmente
diferente, y mucho más compleja, que la de esos días. La realidad para los que
nacimos y nos desarrollamos en una sociedad puertorriqueña en la que
culturalmente ha coexistido con el sistema y modo de vida americano por más de 120
años es otra y bien distinta. Por lo tanto, lo políticamente correcto, a mi
modo de ver, es decir que somos americanos de idiosincrasia puertorriqueña. Lo
que eso significa es que somos un pueblo conformado por la esencia y valores
americanos en combinación con lo autóctono del ideario cultural local puertorriqueño.
Cuarto, el
pueblo estadounidense está en un punto de inflexión definitorio de su historia. Según la tesis del Profesor José L. Arbona en su libro de 2004 "Rompiendo el cerco: nuevos paradigmas sobre el estatus", hay dos paradigmas en pugna: por un lado, el paradigma del "melting
pot" o crisol de razas, y por el otro el paradigma de "fortaleza en
la diversidad". El paradigma del crisol de razas (melting pot) postula la
asimilación del extranjero que llega a los Estados Unidos a los modos
culturales de una nación que se percibe como unitaria y homogénea. La idea es
que no importa las nacionalidades de procedencia todos terminan fundiéndose en
una nación de cultura unitaria. Por otro lado, el paradigma de fortaleza en la
diversidad postula un pueblo americano que acepta la riqueza y fortaleza como
nación en la convivencia de grupos, que, aunque con modos culturales
diferentes, comparten los valores de la democracia, la libertad del individuo,
los derechos civiles, rechazo a la tiranía, el sueño común de superación, la
libertad política y religiosa, la cultura de trabajo disciplinado, y la prosperidad
y felicidad del individuo. En ese contexto, hay que entender que la nación
americana hoy (sociológicamente muy diferente a la época en la que predominaba
el "Whiteman-Saxon-Protesant") se compone de una amalgama o mosaico
de nacionalidades, razas y etnias, donde la hispana cobra cada vez más poder.
De hecho, hoy día hay más de 50 millones de hispanos ciudadanos americanos y
representantes de este sector en todas las esferas del poder estadounidense,
tanto en la rama ejecutiva como en la legislativa y judicial. Particularmente
existen más puertorriqueños hoy viviendo en los 50 estados de la nación
americana que los que viven en el territorio de Puerto Rico, y esto ha hecho
que en el aspecto político los puertorriqueños sean un sector de especial
interés para las facciones políticas de USA. Los candidatos a puestos electivos
están en constante búsqueda de su apoyo. Mayor aún, cada vez son más los
candidatos a puestos electivos de origen puertorriqueño en las distintas
esferas, tanto estatales como federales.
Quinto, nos
guste o no, el desarrollo de la llamada “identidad puertorriqueña” o la
concepción que tengamos de ella en la actualidad, se ha dado en el contexto de
la relación política, social y económica con Estados Unidos por pasados 120
años. En otras palabras, no se puede hablar de identidad puertorriqueña
desvinculándola de la historia que comparten Puerto Rico con Estados Unidos en
su relación colonial. La realidad sociológica es que ese enramado de identidad
"nacional" que osamos decir tener tiene un gran componente del
influjo recibido desde Estados Unidos en sus años de historia conjunta. Y este
es un importante componente a tener en cuenta a la hora de afirmar que Puerto
Rico es una cosa aparte de Estados Unidos, o que Estados Unidos para los
puertorriqueños representa una nación extranjera. Nada más lejos de la verdad y
la realidad. Quien así lo dice engaña al pueblo.
Recapitulando
Lo que
realmente está subyacente a este ejercicio plebiscitario es que los
puertorriqueños como colectivo social deberán enfrentar y superar de una vez y
por todas, lo que se puede denominar como su peor miedo: la determinación de
como realmente conciben su ideario puertorriqueñista. En ese ideario caben solo
dos alternativas: 1. la identidad puertorriqueña separada de Estados Unidos, y
por ende, la aspiración de mover a PR hacia una “soberanía separada de Estados
Unidos” como el mejor camino a escoger para las personas que así se sientan o a
eso aspiren , o 2. la identidad puertorriqueña en la que se reconoce, valora y
aprecia su componente americano como uno vital, esencial, e indivisible en el
sentido más amplio como sociedad, no quedando otra opción que moverse en la
dirección de convertir a Puerto Rico en el Estado 51 de la nación americana
como la mejor alternativa para los que de esta manera piensan y aspiran. La
primera alternativa de las antes mencionadas es lo que esencialmente representa
votar NO en el plebiscito, en cambio votar SI representa estar claro sobre la
segunda.
Mi llamado
en este escrito es principalmente a aquellas personas que valoran su ciudadanía
americana y la unión permanente con los Estados Unidos de América dentro de un
status político no colonial y no territorial. El evento del plebiscito de
estatus que habrá de darse dentro del mismo proceso eleccionario este 3 de
noviembre de 2020 representa esa gran oportunidad de llevar un mensaje claro,
tanto a los oficiales del Gobierno de Puerto Rico que resulten electos
como al Presidente de Estados Unidos y al Congreso, en cuanto el rumbo que los
puertorriqueños quieren a llevar su sociedad en términos de la definición política.
Es tiempo de resolver ese asunto inconcluso, esa herida abierta, de la
democracia americana con respecto al caso de su colonia más antigua. Hay un refrán
popular que dice que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Y
si en ese proceso de definición todavía tiene dudas en cuanto a escoger la
opción del SI por la ESTADIDAD porque la entienda incompatible con su
sentimiento o concepto de “identidad puertorriqueña”, recuerde que, en primer
lugar, ya usted es un ciudadano americano, y en segundo, que nuestra identidad
puertorriqueña contiene un importante e indivisible componente socio-cultural de
la sociedad americana, producto del influjo natural de una relación política,
social y económica de más de 120 años. De manera que, en el contexto
sociológico del siglo 21 no es incompatible nuestra puertorriqueñidad con el
hecho de convertirnos en Estado 51 de la nación americana. De hecho, lo natural
debería ser movernos en esa dirección, porque son más las cosas que nos unen a
esa sociedad que las que nos separan. Entre ellas la ciudadanía.
Nota: Este
escrito es una revisión y actualización de un escrito similar realizado previo
al evento plebiscitario del año 2017 bajo el título: “La definición suprema y
la puertorriqueñidad: la historia al fin nos acorraló”. Puede acceder al mismo
mediante: https://www.facebook.com/notes/jos%C3%A9-a-bonilla/la-definici%C3%B3n-suprema-y-la-puertorrique%C3%B1idad-la-historia-al-fin-nos-acorral%C3%B3/10154498230363869.

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