De cara al plebiscito de status 2020: Ahora o nunca

 


De cara al plebiscito de status 2020: Ahora o nunca
Por: José A. Bonilla Morales

“In the end, the great issues presented here are civic, not economic. Do Puerto Ricans wish to become Americans? Because that is what statehood ineluctably implies. Or do they wish to preserve a separate identity?” - Words of former senator Daniel Patrick Moynihan (D-NY) on the Senate floor in May 1990 on debate of the S.712 bill: Puerto Rico Status Referendum Act of 1989-90

 Una cita con la historia

Ya es un hecho concreto y oficial el que los residentes electores hábiles de esta isla nos aprestamos a participar en un nuevo evento plebiscitario pautado para el mismo día de las elecciones generales, este próximo martes 3 de noviembre de 2020. A diferencia de plebiscitos de estatus anteriores, la manera en que está planteado éste ineludiblemente busca, en mi opinión, cortar por lo sano de una vez y por todas sobre la deseabilidad de los puertorriqueños en cuanto a la estadidad para Puerto Rico. Al fin les llegó (en cierta medida) a los puertorriqueños, como dijo en su día Pedro Albizu Campos: "el momento de la suprema definición", ya que finalmente la sociedad puertorriqueña no tiene escapatoria alguna en cuanto a su deber de hablar claro y ser tajante sobre cual es su posición relativo a la ESTADIDAD.

En otras palabras, lo que verdaderamente representa este ejercicio plebiscitario para los puertorriqueños, en arroz y habichuelas, es que al fin tendrán que auto evaluarse y auto examinarse, y dar una contestación clara y diáfana, de una vez y por todas, a la pregunta más importante que tenemos que encarar los puertorriqueños que hemos vivido en una colonia y territorio de los Estados Unidos por más de 120 años: ¿Nos concebimos los puertorriqueños como un pueblo separado (mutuamente excluyente) del pueblo americano, o por el contrario, nos concebimos parte integral y funcional de esa sociedad como un todo? ¡El momento de la verdad ha llegado!

He tenido la oportunidad en innumerables ocasiones expresar por las redes sociales, principalmente el medio de Facebook, sobre la importancia de que el pueblo de Puerto Rico le dé una solución final y definitiva a su problema inconcluso de su estatus político colonial-territorial. En esas instancias suelo indicar que de las tres soluciones disponibles y avaladas por el derecho internacional (ESTADIDAD, Independencia o Libre Asociación) la alternativa más lógica para los puertorriqueños es la ESTADIDAD. Véase que no estoy indicando necesariamente que es la mejor, sino simplemente me refiero a ella como la más lógica por razones que ya he esbozado y abordado en el pasado en mis escritos. (Puede acceder a mis escritos a: https://www.facebook.com/jabonilla77/notes). No obstante, por este escrito pretendo, más bien, reflexionar en cuanto a lo que considero como el “enrredo mental” que tienen muchos puertorriqueños en relación a la llamada “identidad puertorriqueña” en el contexto de nuestra relación política, social y económica con los Estados Unidos de América, y su vínculo con la solución del problema del status político de Puerto Rico.

El peso muerto del Estado Libre Asociado

Antes de entrar a lo medular de este escrito, deseo contextualizar el hecho de que la evidencia disponible apunta a que el actual régimen político puertorriqueño denominado ELA, no simplemente no da para más, sino que en las últimas décadas se ha convertido en “peso muerto”, el mayor obstáculo al desarrollo socioeconómico puertorriqueño. Aunque, podemos estipular para el récord histórico y sociológico (en un efuerzo de honestidad intelectual), el reconocer que el ELA fue un arreglo político que ayudó a PR a constituirse en gobierno propio y forjar sus bases económicas-industriales, principalmente entre los años 1952 al 1973, la realidad es que el mismo Muñoz Marín (padre putativo, intelectual y espiritual de esta criatura) cuando lo concibió, estaba claro que se trataba de un estatus transitorio hacia la ESTADIDAD o la independencia. En otras palabras, el pueblo en su momento, quizás “cuando estuviera maduro para ello”, no tendría otra alternativa histórica que decidir moverse hacia adelante ya fuese hacia la independencia o hacia la ESTADIDAD. En cambio, nuestra sociedad, lejos de eso, se decidió por la nefasta apuesta de pretender extender la vida útil al ELA 40 o 50 años más de para lo que fue diseñado, y henos aquí hoy día con su legado.

¿Qué cuál ha sido ese legado? ¡Bendito! ¡La pregunta nada más ofende! Pero como para muestra con un solo botón basta, baste solo con mencionar algunas: una economía en depresión desde 2006 que pisa y no arranca (la realidad es que evidencia disponible y el consenso entre los economistas apunta a que la economía de PR ha venido perdiendo terreno y competitividad desde la década del 1970), falta de herramientas, tanto políticas como económicas para precisamente poder salir de esa crisis, trato desigual en los programas federales en comparación a nuestros conciudadanos en los 50 estados, quiebra del ELA, Ley PROMESA, la Junta de Control Fiscal Federal, entre las más destacadas.

No faltarán quienes rehúsen darme credibilidad alguna al sostener esta conclusión y visión del fracasado ELA por mis convicciones estadistas. ¡Ok! ¡Estipulado! Pues no me crean a mí. Pero al menos créanle a quien fue el candidato a Comisionado Residente y compañero de papeleta del Ex Gobernador Alejandro García Padilla en las elecciones 2012; uno de los más prolíficos líderes e ideólogos del PPD, Rafael Cox Alomar, quien escribió para el rotativo español “El país” la columna titulada: “La encrucijada puertorriqueña”, en la que pronunció lo siguiente: "El experimento constitucional que Estados Unidos urdió a finales de la administración Truman, cuando la Guerra Fría iba ganando mayor intensidad y se dio a conocer como el “Estado Libre Asociado de Puerto Rico”, colapsó. Y todo el andamiaje económico de corte neocolonial que lo sostenía, preconizado sobre la completa claudicación de la isla del control político sobre las variables económicas que inciden directamente sobre su vida, se vino abajo como castillo de naipes.". No me creen a mí, pues créanle al reconocido economista y catedrático universitario e independentista Dr. Francisco Catalá, quien escribió en las páginas 169 y 170 de su libro publicado en el año 2013 bajo el título: “Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell”, lo siguiente: “¿Se encuentra Puerto Rico en una de tales coyunturas críticas? Así parece. El orden colonial está en franca descomposición. Las manifestaciones de su disfuncionalidad económica –virtual desaparición de la agricultura, contracción en la manufactura, desproporción en la estructura de propiedad entre residentes y extranjeros, remisión del excedente hacia el exterior, desempleo, deserción del mercado laboral, desigualdad en la distribución de ingresos y riqueza, dependencia. Insuficiencia fiscal, endeudamiento, florecimiento de la economía subterránea, etc.- se están tornando insostenibles. La descomposición social se revela en las altas tasas de criminalidad, el empobrecimiento de la vida cotidiana, desmantelamiento institucional y la corrupción en la gestión empresarial y gubernamental. En la dimensión de la política partidista se oscila, cada vez mayor frecuencia, entre la vulgaridad y el delito.”. Como dirían en el argot legal: “Admisión de parte, relevo de prueba”.

La necesidad de movernos hacia adelante

Es importante haber hecho la relación de hechos anterior porque es hora de despertar de una vez y por todas del sueño de las glorias pasadas, de dejar de vivir en la luna de valencia del macondo puertorriqueño. No miremos al pasado con nostalgia, sino miremos ese futuro que queremos dejarles a nuestros hijos y nietos. Como diría alguna vez el notorio Pastor Anglicano Frederick William Robertson (1816-1853) "Hay un pasado que se fue para siempre, pero hay un futuro que todavía es nuestro." ¿Acaso queremos dejarle a sus nuestros hijos y nietos un Puerto Rico en la crisis económica en que se encuentra sumido? ¿Acaso es ese el legado que le queremos dejar a las próximas generaciones?

La realidad es que hace tiempo debimos haber tomado la decisión definitiva para darle fin al asunto inconcluso del “déficit democrático” (como le reconoció el fenecido Ex Gobernador Rafael Hernández Colón) de nuestra sociedad puertorriqueña bajo el ELA. Ya que no lo hicimos, de manera clara en las oportunidades que se nos presentaron anteriormente (1993, 1998, 2012 y 2017), no desaprovechemos esta gran oportunidad histórica que nos brinda el evento plebiscitario de este próximo 3 de noviembre. ¡Mi gente esto no pare más! O nos decidimos por la ESTADIDAD o la rechazamos de plano votando por el NO, y con ello atengámonos con igual valentía y gallardía a lo que esa decisión implique, al abrirse la posibilidad de que Puerto Rico se mueva eventualmente hacia la Soberanía Nacional (ya sea en la modalidad de República Asociada o completamente separada de EU). Pero decidámonos al fin con un voto contundente hacia una opción u otra, y dejemos saber lo que queremos claramente establecido, sin lugar a inferencias mayores. Dejemos saber con contundencia que ya estamos cansados de ser la colonia más antigua del hemisferio americano, sino del mundo.

Es de esperarse que los inmovilistas y obstruccionistas de la descolonización de Puerto Rico de siempre, los “usual suspects”, que nunca tardan en el empleo de sus diatribas en contra de todo proceso plebiscitario, nuevamente intentan, como parte de sus agendas para mantener el “statu quo”, manipular a su antojo la “psiquis” colectiva de nuestro pueblo para con ello inducir la parálisis y el miedo a la definición. No faltarán líderes populares influyentes como Aníbal Acevedo Vila, Alejandro García Padilla, Eduardo Bhatía entre otros, que utilizan y manipulan a su antojo el concepto de identidad puertorriqueña para, en alguna medida, hacer creer a los puertorriqueños que es incompatible nuestra puertorriqueñidad en la ESTADIDAD. Se trata de una patraña porque el mero hecho de que seamos un estado de la unión americana no hace incompatible ni inviable el desarrollo de nuestra puertorriqueñidad. Quien lo esboza le miente al pueblo, y peor aún insulta su inteligencia. Esa gente distorsiona el concepto de “identidad” en su dialéctica para avivar principalmente a sus huestes populares porque saben que este tipo de discurso, halado por los pelos, tergiversado y retorcido a su antojo, todavía apela a la fibra moral de un sector de puertorriqueños. Para con ello motivarles a dejar en blanco la papeleta plebiscitaria, y nuevamente tener un 2012, con un resultado plebiscitario diluido, que no quedó claramente definido por los puertorriqueños, y que muy poco pudo adelantar la agenda de la descolonización en el congreso de USA. O para provocar otro 2017, promoviendo una baja participación del electorado en el plebiscito abonando con ello a la falta de seriedad y voluntad del congreso para solucionar nuestra situación de indefinición política. Hay que demostrarle a ese tipo de personas que los puertorriqueños no nos chupamos el dedo, que los dientes de leche se nos cayeron hace tiempo, que ya no estamos en la época donde la gente se creía que los perros se amarraban con longaniza y que la luna era de queso y se comía con miel.

Para mí, lo más patético e indignante del liderato popular que se opone a la ESTADIDAD y a la consulta plebiscitaria es que buscan apelar a la gente por medio de su logo tipo. Ellos dicen que es el único partido político que defiende su concepto errado de “puertorriqueñidad” porque en su logo tipo tienen la figura del “jíbaro”, o el arquetipo del puertorriqueño como se le concebía en los tiempos de los años 30's. Considero esto un verdadero insulto a la inteligencia del puertorriqueño del Siglo 21. Puertorriqueños de nuevo cuño que hemos superado y dejado atrás aquella triste realidad histórica. Puertorriqueños de nueva cepa que hemos dejado atrás el paradigma de aquella generación de los 30’s, 40’s y 50’s de personas mayormente analfabetas y poco instruidas en cuanto a sus derechos fundamentales.  Gente que fue víctima de los sueños que le vendió, principalmente, un populista, carismático y gran orador, Luis Muñoz Marín, con el llamado ELA. Hoy día las cosas son muy diferentes. El juego actual es uno muy distinto. ¡A otro perro con ese hueso!

Eugenio María de Hostos dijo una vez: “La democracia es una ficción cuando no hay pueblo… sin educación del pueblo no habrá jamás verdadero pueblo; sin pueblo verdadero, la democracia es una palabra retumbante, no un sistema de gobierno”. Tal pareciera que estos líderes populares lo que pretenden es que los puertorriqueños, en pleno siglo 21, sigamos siendo jibaros analfabetos, a quienes poder manipular fácilmente, y que no aspiremos a nada más que a vivir y trabajar en condiciones de inferioridad y precariedad, como los vivió el jibaro puertorriqueño de esa época. ¡Que indignante! Como diría Carlos Romero Barceló: “¡Ay deja eso Rafael…!” Yo le digo al pueblo que no se dejen engañar ni comprar la realidad retorcida que habrán de pintar estos líderes del PPD con el objetivo principal de retrotraer a una época caduca de nuestra historia, y con ello desanimar a los puertorriqueños a definirse políticamente de una vez y por todas. Puerto Rico merece algo mejor que más de la quiebra del ELA. El pueblo puertorriqueño merece superar la pesada carga que representa el ELA en sus vidas. El pueblo merece seguir hacia adelante con las herramientas poderosas que le brindarán la estabilidad de un status político no colonial y no territorial, como lo sería, en nuestro caso, la ESTADIDAD para labrar su porvenir. Herramientas que sin duda hoy día no tiene o posee bajo el desgastado y anacrónico régimen político del ELA.

El momento de la verdad, ..., el momento de la suprema definición

Habiendo dejado el punto anterior meridianamente claro, ahora es que viene lo bueno. A mi juicio, el dilema más importante que tienen que enfrentar, definir y resolver los puertorriqueños ante el nuevo evento plebiscitario tiene que ver precisamente con el concepto de identidad puertorriqueña pero visto desde la óptica correcta. En otras palabras, llegó el momento de la verdad en la que los puertorriqueños tendrán que mirarse interiormente en este ejercicio moral y espiritual. Ejercicio que gran parte de los puertorriqueños han relegado por años y décadas. Le han huido "como el diablo a la cruz". Ejercicio que una gran porción sustancial de puertorriqueños, principalmente, los que padecen del problema (o jaibería) de querer tenerlo todo (ej. “querer tener el pájaro en mano y a la misma vez los cien volando”), se las habían arreglado muy bien, hasta la fecha, para obviarlo, vedarlo y evitarlo a toda costa. Como diría Pedro Albizu Campos: “o yanquis o puertorriqueños”. Para estar claros, hago la distinción de que existe otro grupo de puertorriqueños (en los cuales tengo la esperanza de que sobrepasamos más de la mitad de la población) que hace mucho tiempo hemos realizado este ejercicio liberador, y que hemos superado esa etapa crítica de nuestras vidas. Y al día de hoy, los que nos identificamos en ese grupo estamos más que claros en cuanto a lo que queremos y hacia dónde queremos ir en relación al asunto de la definición política de PR. Vamos a por la aspiración definitiva de un status no colonial y no territorial. Queremos movernos hacia adelante y superar este bochornoso escollo colonial inconcluso de la historia y democracia puertorriqueña.

Este tema de la indefinición política de Puerto Rico no solo es uno bochornoso, sino que, además, nos ha tenido divididos y estancados como sociedad. Es un tema que cada vez nos consume importantes energías en el debate diario. Energías que, de no tener este obstáculo de por medio, bien pudiéramos estar empleando en asuntos más medulares como la búsqueda de nuevas maneras de hacer nuestra economía una más robusta, dinámica y sostenible, y en el cultivo de aquellos valores que hagan de nuestra convivencia en sociedad una mejor y más saludable.

En los párrafos iniciales de este escrito dejé la siguiente premisa en el tintero, la cual esbozaré a partir de aquí a modo de pregunta: ¿debemos concebirnos los puertorriqueños como un pueblo separado (mutuamente excluyente) del pueblo americano, o, por el contrario, nos debemos concebir como parte integral y funcional de esa sociedad en un contexto más amplio? Respecto a este asunto hay quienes se preguntan: ¿dónde encajamos los puertorriqueños en el ideario americano? Y lo primero que hay que entender y poner en la justa perspectiva es lo relativo al paradigma sociológico del pueblo americano. Hoy día la población de la nación americana ya no está conformada (si es que realmente alguna vez lo estuvo) por lo que en el pasado se conocía como el "Whiteman-Saxon-Protesant". Hoy día la sociedad americana está compuesta por una amalgama de inmigrantes de diferentes extracciones internacionales, razas y etnias. Y cabe destacar que en ese concierto de etnias y extracciones la hispana ha ido cobrando más poder e influencia en esa nación cada día que pasa. Además, en ese contexto de la influencia hispanoamericana dentro del ideario más amplio la sociedad americana, nosotros como ciudadanos americanos de origen puertorriqueño, en nuestro contexto también de origen hispánico, estamos en mejor situación con respecto a los conciudadanos americanos proveniente de otras extracciones hispánicas.

Lo segundo que hay que entender en todo este imaginario es el hecho de que bajo la constitución americana los ciudadanos americanos conformamos un "Melting Pot" bajo la consigna de "E Pluribus Unum". De manera que, lo que nos hace americanos no tiene que ver ni con la raza, ni con el origen étnico, ni con la extracción; lo que nos hace americanos es el hecho de compartir los mismos valores que llevaron a la Revolución Americana e inspiraron la declaración de Independencia de EU. Los que nos hace realmente americanos, sin que eso sea incompatible con ser puertorriqueño, es compartir los valores de la democracia, libertad del individuo, derecho a la vida, derecho a la propiedad privada y derecho a perseguir la felicidad que inspiraron esa gran constitución americana. Lo que nos hace americanos es compartir el fruto del resultado del experimento de la democracia americana, concebidos en la realización del "sueño americano" y el disfrute del "american way of life".

Tercero, ciertamente hay que contextualizar que es entendible el hecho de que los puertorriqueños de la generación que nació antes de la invasión de Estados Unidos a Puerto Rico en el 1898, y que vivieron la transición de un Puerto Rico bajo el régimen español al nuevo régimen americano, sintiesen sentimientos encontrados en cuanto a su identidad nacional, ya que primero pertenecían a otra nación (España), para luego ser parte de una nueva a la que tuvieron que acostumbrarse (USA). Si bien esto no deja de ser cierto, tampoco deja de ser cierto el hecho de que la realidad histórica y sociológica que nos atañe al día de hoy es totalmente diferente, y mucho más compleja, que la de esos días. La realidad para los que nacimos y nos desarrollamos en una sociedad puertorriqueña en la que culturalmente ha coexistido con el sistema y modo de vida americano por más de 120 años es otra y bien distinta. Por lo tanto, lo políticamente correcto, a mi modo de ver, es decir que somos americanos de idiosincrasia puertorriqueña. Lo que eso significa es que somos un pueblo conformado por la esencia y valores americanos en combinación con lo autóctono del ideario cultural local puertorriqueño.

Cuarto, el pueblo estadounidense está en un punto de inflexión definitorio de su historia. Según la tesis del Profesor José L. Arbona en su libro de 2004 "Rompiendo el cerco: nuevos paradigmas sobre el estatus", hay dos paradigmas en pugna: por un lado, el paradigma del "melting pot" o crisol de razas, y por el otro el paradigma de "fortaleza en la diversidad". El paradigma del crisol de razas (melting pot) postula la asimilación del extranjero que llega a los Estados Unidos a los modos culturales de una nación que se percibe como unitaria y homogénea. La idea es que no importa las nacionalidades de procedencia todos terminan fundiéndose en una nación de cultura unitaria. Por otro lado, el paradigma de fortaleza en la diversidad postula un pueblo americano que acepta la riqueza y fortaleza como nación en la convivencia de grupos, que, aunque con modos culturales diferentes, comparten los valores de la democracia, la libertad del individuo, los derechos civiles, rechazo a la tiranía, el sueño común de superación, la libertad política y religiosa, la cultura de trabajo disciplinado, y la prosperidad y felicidad del individuo. En ese contexto, hay que entender que la nación americana hoy (sociológicamente muy diferente a la época en la que predominaba el "Whiteman-Saxon-Protesant") se compone de una amalgama o mosaico de nacionalidades, razas y etnias, donde la hispana cobra cada vez más poder. De hecho, hoy día hay más de 50 millones de hispanos ciudadanos americanos y representantes de este sector en todas las esferas del poder estadounidense, tanto en la rama ejecutiva como en la legislativa y judicial. Particularmente existen más puertorriqueños hoy viviendo en los 50 estados de la nación americana que los que viven en el territorio de Puerto Rico, y esto ha hecho que en el aspecto político los puertorriqueños sean un sector de especial interés para las facciones políticas de USA. Los candidatos a puestos electivos están en constante búsqueda de su apoyo. Mayor aún, cada vez son más los candidatos a puestos electivos de origen puertorriqueño en las distintas esferas, tanto estatales como federales.

Quinto, nos guste o no, el desarrollo de la llamada “identidad puertorriqueña” o la concepción que tengamos de ella en la actualidad, se ha dado en el contexto de la relación política, social y económica con Estados Unidos por pasados 120 años. En otras palabras, no se puede hablar de identidad puertorriqueña desvinculándola de la historia que comparten Puerto Rico con Estados Unidos en su relación colonial. La realidad sociológica es que ese enramado de identidad "nacional" que osamos decir tener tiene un gran componente del influjo recibido desde Estados Unidos en sus años de historia conjunta. Y este es un importante componente a tener en cuenta a la hora de afirmar que Puerto Rico es una cosa aparte de Estados Unidos, o que Estados Unidos para los puertorriqueños representa una nación extranjera. Nada más lejos de la verdad y la realidad. Quien así lo dice engaña al pueblo.

Recapitulando

Lo que realmente está subyacente a este ejercicio plebiscitario es que los puertorriqueños como colectivo social deberán enfrentar y superar de una vez y por todas, lo que se puede denominar como su peor miedo: la determinación de como realmente conciben su ideario puertorriqueñista. En ese ideario caben solo dos alternativas: 1. la identidad puertorriqueña separada de Estados Unidos, y por ende, la aspiración de mover a PR hacia una “soberanía separada de Estados Unidos” como el mejor camino a escoger para las personas que así se sientan o a eso aspiren , o 2. la identidad puertorriqueña en la que se reconoce, valora y aprecia su componente americano como uno vital, esencial, e indivisible en el sentido más amplio como sociedad, no quedando otra opción que moverse en la dirección de convertir a Puerto Rico en el Estado 51 de la nación americana como la mejor alternativa para los que de esta manera piensan y aspiran. La primera alternativa de las antes mencionadas es lo que esencialmente representa votar NO en el plebiscito, en cambio votar SI representa estar claro sobre la segunda.

Mi llamado en este escrito es principalmente a aquellas personas que valoran su ciudadanía americana y la unión permanente con los Estados Unidos de América dentro de un status político no colonial y no territorial. El evento del plebiscito de estatus que habrá de darse dentro del mismo proceso eleccionario este 3 de noviembre de 2020 representa esa gran oportunidad de llevar un mensaje claro, tanto a los oficiales del Gobierno de Puerto Rico que resulten electos como al Presidente de Estados Unidos y al Congreso, en cuanto el rumbo que los puertorriqueños quieren a llevar su sociedad en términos de la definición política. Es tiempo de resolver ese asunto inconcluso, esa herida abierta, de la democracia americana con respecto al caso de su colonia más antigua. Hay un refrán popular que dice que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Y si en ese proceso de definición todavía tiene dudas en cuanto a escoger la opción del SI por la ESTADIDAD porque la entienda incompatible con su sentimiento o concepto de “identidad puertorriqueña”, recuerde que, en primer lugar, ya usted es un ciudadano americano, y en segundo, que nuestra identidad puertorriqueña contiene un importante e indivisible componente socio-cultural de la sociedad americana, producto del influjo natural de una relación política, social y económica de más de 120 años. De manera que, en el contexto sociológico del siglo 21 no es incompatible nuestra puertorriqueñidad con el hecho de convertirnos en Estado 51 de la nación americana. De hecho, lo natural debería ser movernos en esa dirección, porque son más las cosas que nos unen a esa sociedad que las que nos separan. Entre ellas la ciudadanía.

 

Nota: Este escrito es una revisión y actualización de un escrito similar realizado previo al evento plebiscitario del año 2017 bajo el título: “La definición suprema y la puertorriqueñidad: la historia al fin nos acorraló”. Puede acceder al mismo mediante: https://www.facebook.com/notes/jos%C3%A9-a-bonilla/la-definici%C3%B3n-suprema-y-la-puertorrique%C3%B1idad-la-historia-al-fin-nos-acorral%C3%B3/10154498230363869.

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