La definición suprema y la puertorriqueñidad: la historia al fin nos acorraló

  Artículo publicado originalmente en Febrero 2017



La definición suprema y la puertorriqueñidad: la historia al fin nos acorraló

“In the end, the great issues presented here are civic, not economic. Do Puerto Ricans wish to become Americans? Because that is what statehood ineluctably implies. Or do they wish to preserve a separate identity?” - Words of the late senator Daniel Patrick Moynihan (D-NY) on the Senate floor in May 1990 on debate of the S.712 bill: Puerto Rico Status Referendum Act of 1989-90

Nos aprestamos a la hora cero

Ya es un hecho concreto y oficial, plasmado en la Ley #7 del 2017, el que los residentes electores hábiles de esta isla nos aprestamos a participar en el próximo evento plebiscitario pautado para el próximo Domingo 11 de junio de 2017. A diferencia de plebiscitos de estatus anteriores, la manera en que está planteado éste ineludiblemente busca confrontar a los puertorriqueños con lo que Pedro Albizu Campos denominó "el momento de la suprema definición". Y es que por fin la sociedad puertorriqueña ha sido acorralada por la historia, y sin posibilidad alguna de escapatoria, en cuanto a su deber de definirse y dejar claramente establecido lo que en realidad quiere en torno a un estatus político final y firme. ¡Se acabó el pan de piquitos! Ahora ya no hay subterfugios que valgan. 

Los puertorriqueños como colectivo social deberán enfrentar y superar de una vez y por todas, lo que se puede denominar como su peor miedo: la determinación de como realmente conciben su ideario puertorriqueñista. En ese ideario solo caben dos opciones: la identidad puertorriqueña separada de EU, y por ende, la aspiración de mover a PR hacia una “soberanía separada de EU” como el mejor camino a escoger para las personas que así se sientan o a eso aspiren , o la identidad puertorriqueña  en la que  se reconoce, valora y aprecia su componente americano como uno vital, esencial, e indivisible en el sentido más amplio como sociedad, no quedando otra opción que moverse en la dirección de convertir a PR en el Estado 51 de la nación americana como la mejor alternativa para los que de esta manera piensan y aspiran.

En otras palabras, lo que verdaderamente representa este ejercicio plebiscitario para los puertorriqueños, en arroz y habichuelas, es que al fin tendrán que auto evaluarse y auto examinarse, y dar una contestación clara y diáfana, de una vez y por todas, a la pregunta más importante que tenemos que encarar los puertorriqueños que hemos vivido en una colonia y territorio de los Estados Unidos por ya casi 120 años: ¿Nos concebimos los puertorriqueños como un pueblo separado (mutuamente excluyente) del pueblo americano, o por el contrario, nos concebimos parte integral y funcional de esa sociedad como un todo? ¡El momento de la verdad ha llegado!

Muchas veces en mis escritos en facebook relacionados a la importancia de que el pueblo de Puerto Rico le dé una solución final y definitiva a su problema inconcluso de su estatus político colonial-territorial suelo indicar que de las tres soluciones disponibles y avaladas por el derecho internacional (Estadidad, Independencia o Libre Asociación) la alternativa más lógica para los puertorriqueños es la estadidad. Véase que no estoy indicando necesariamente que es la mejor, sino simplemente me refiero a ella como la más lógica de las tres por varias razones que ya he esbozado y abordado en escritos anteriores. No obstante, en este escrito pretendo, más bien, reflexionar en cuanto a lo que considero como el “enredo mental” que tienen muchos puertorriqueños en relación a la llamada “identidad puertorriqueña” en el contexto de nuestra relación política, social y económica con los Estados Unidos de América, y su vínculo con la solución del problema del status político de PR.

La quiebra y el fracaso del ELA

Antes de entrar a lo medular de este escrito, deseo contextualizar el hecho de que la evidencia disponible apunta a que el actual régimen político puertorriqueño denominado ELA ya no da para más. Aunque, podemos estipular para el récord histórico y sociológico que fue un arreglo político que ayudó a PR a constituirse en gobierno propio y forjar sus bases económicas-industriales, principalmente entre los años 1952 al 1973, la realidad es que el mismo Muñoz Marín (padre putativo, intelectual y espiritual de esta criatura) cuando lo concibió, estaba claro que se trataba de un estatus transitorio hacia la estadidad o la independencia. En otras palabras, el pueblo en su momento, quizás “cuando estuviera maduro para ello”, no tendría otra alternativa histórica de decidir moverse hacia adelante ya fuese hacia la independencia o hacia la estadidad. En cambio, nuestra sociedad, lejos de eso, se decidió por la marometa de pretender extender la vida útil al ELA 40 años más de para lo que fue diseñado, y que henos aquí hoy día con su legado. ¿Qué cuál ha sido ese legado? ¡Bendito! ¡La pregunta nada más ofende! Pero como para muestra con un solo botón basta, baste solo con mencionar algunas: una economía en depresión desde 2006 que pisa y no arranca (la realidad es que evidencia disponible y el consenso entre los economistas apunta a que la economía de PR ha venido perdiendo terreno desde la década del 1970), falta de herramientas, tanto políticas como económicas, para precisamente poder salir de esa crisis, trato desigual en comparación a nuestros conciudadanos en los 50 estados, quiebra del ELA, Ley PROMESA, la Junta de Control Fiscal Federal, entre las más destacadas. 

Habrán quienes no quieran darme credibilidad alguna al sostener esta conclusión y visión del fracasado ELA por mis convicciones estadistas. ¡Ok! ¡Estipulado! Pues no me crean a mí.  Pero al menos créanle a quien fue el candidato a Comisionado Residente y compañero de papeleta del Ex Gobernador Alejandro García Padilla en las elecciones 2012; uno de los más prolíficos líderes e ideólogos del PPD, Rafael Cox Alomar, quien escribió para el rotativo español “El país” la columna titulada: “La encrucijada puertorriqueña”, en la que pronunció lo siguiente:  "El experimento constitucional que Estados Unidos urdió a finales de la  administración Truman, cuando la Guerra Fría iba ganando mayor  intensidad y se dio a conocer como el “Estado Libre Asociado de Puerto  Rico”, colapsó. Y todo el andamiaje económico de corte neocolonial que  lo sostenía, preconizado sobre la completa claudicación de la isla del  control político sobre las variables económicas que inciden directamente  sobre su vida, se vino abajo como castillo de naipes.". No me creen a mí, pues créanle al reconocido economista y catedrático universitario Dr. Francisco Catalá, quien escribió en las páginas 169 y 170 de su libro publicado en el año 2013 bajo el título: “ Promesa rota: una mirada institucionalista a partir de Tugwell”, lo siguiente:  “¿Se encuentra Puerto Rico en una de tales coyunturas críticas? Así parece. El orden colonial está en franca descomposición. Las manifestaciones de su disfuncionalidad económica –virtual desaparición de la agricultura, contracción en la manufactura, desproporción en la estructura de propiedad entre residentes y extranjeros, remisión del excedente hacia el exterior, desempleo, deserción del mercado laboral, desigualdad en la distribución de ingresos y riqueza, dependencia. Insuficiencia fiscal, endeudamiento, florecimiento de la economía subterránea, etc.- se están tornando insostenibles. La descomposición social se revela en las altas tasas de criminalidad, el empobrecimiento de la vida cotidiana, desmantelamiento institucional y la corrupción en la gestión empresarial y gubernamental. En la dimensión de la política partidista se oscila, cada vez mayor frecuencia, entre la vulgaridad y el delito.”. Como dirían en el argot legal: “Admisión de parte, relevo de prueba”.

Es importante hacer esta relación de hechos por que es hora de despertar de una vez y por todas del sueño de las glorias pasadas, y dejar ya de vivir en la luna de valencia. No miremos al pasado con nostalgia, sino miremos ese futuro que queremos dejarles a nuestros hijos y nietos.  Como diría alguna vez el notorio Pastor Anglicano Frederick William Robertson (1816-1853) "Hay un pasado que se fue para siempre, pero hay un futuro que todavía es nuestro."   ¿Acaso queremos dejarle a sus nuestros hijos y nietos un PR en la crisis económica en que se encuentra sumido? ¿Acaso es ese el legado que le queremos dejar a las próximas generaciones? La realidad es que hace tiempo debimos haber tomado la decisión definitiva para darle fin al asunto inconcluso del “déficit democrático” de nuestra sociedad puertorriqueña. Ya que no lo hicimos en las oportunidades que se nos presentaron anteriormente (1993, 1998, 2012), no desaprovechemos esta gran oportunidad histórica que nos brinda el evento plebiscitario de este próximo 11 de junio. ¡Ya esto no pare más! O nos decidimos entre Estadidad o Soberanía separada de EU, o nos acabamos de hundir en el inmovilismo a expensas de un ELA abocado al fracaso.

Los inmovilistas y obstruccionistas de la descolonización de Puerto Rico, los “usual suspects” que no tardarán en el empleo de sus diatribas en contra del plebiscito, manipularán a su antojo el concepto de la identidad puertorriqueña para con ello inducir la parálisis en los puertorriqueños y el miedo a la definición. No faltarán líderes populares de la estirpe de Rafael Hernández Colón y sus descendientes, Aníbal Acevedo Vila, los García Padilla, entre otros, que utilizarán y manipularán a su antojo el concepto de identidad puertorriqueña para, en alguna medida, hacer creer a los puertorriqueños que es incompatible nuestra puertorriqueñidad en la estadidad. Esta gente utiliza este tema en su discurso para avivar principalmente a sus huestes populares porque saben que este tipo de discurso halado por los pelos, tergiversado y retorcido a su antojo, apela a la fibra moral de un sector de los puertorriqueños. Pero todo se trata de una patraña y un gran insulto a la inteligencia de este pueblo, porque el mero hecho de que seamos un estado de la unión americana no es incompatible o choca con nuestra puertorriqueñidad. 

Hay que demostrarle a esta gente que los puertorriqueños no nos chupamos el dedo, que los dientes de leche se nos cayeron hace tiempo, y que ya no estamos en la época donde la gente se creía que los perros se amarraban con longaniza y que la luna era de queso y se comía con miel. Para mí, lo más denigrante e indignante es que buscan apelar a la gente con que su logo tipo es el único que tiene un elemento puertorriqueñista porque tiene la figura de un puertorriqueño como se le concebía en los tiempos de los años 30's. Considero esto un verdadero insulto a la inteligencia del puertorriqueño del Siglo 21, que hemos superado y dejado atrás aquella triste realidad histórica.  Aquella generación de los 30’s, 40’s y 50’s mayormente analfabeta y poco instruidas en cuanto a sus derechos fundamentales fueron victimas de los sueños que le vendió, principalmente, un populista, carismático y gran orador, Luis Muñoz Marín, con el llamado ELA. Hoy día las cosas son muy diferentes. El juego es uno muy distinto.

Eugenio María de Hostos dijo una vez: “La democracia es una ficción cuando no hay  pueblo… sin educación del pueblo no habrá jamás verdadero pueblo; sin  pueblo verdadero, la democracia es una palabra retumbante, no un sistema  de gobierno”. Tal pareciera que estos líderes populares lo que pretenden es que los puertorriqueños,  en pleno siglo 21, sigamos siendo jibaros analfabetas, a quienes poder manipular fácilmente, y que no aspiremos a nada más que a vivir y trabajar en condiciones de inferioridad y precariedad, como los vivió el jibaro puertorriqueño de esa época. ¡Que indignante! Como diría Carlos Romero Barceló: “¡Ay deja eso Rafael…!” Yo le digo al pueblo que no se dejen engañar ni comprar la realidad retorcida que habrán de pintar estos líderes del PPD con el objetivo principal de retrotraer a una época caduca de nuestra historia y con ello desanimar a los puertorriqueños a definirse políticamente de una vez y por todas. PR merece algo mejor que la quiebra del ELA. PR merece seguir hacia adelante. PR merece las herramientas poderosas que  le brindarían la estabilidad de un status político no colonial y no territorial, como lo sería la estadidad, para labrar su porvenir, las que sin duda hoy día no tiene o posee bajo el desgastado régimen político del ELA.

El momento de la verdad, ..., el momento de la suprema definición

Habiendo dejado el punto anterior meridianamente claro, ahora es que viene lo bueno. A mi juicio, el dilema más importante que tienen que enfrentar, definir y resolver los puertorriqueños ante el nuevo evento plebiscitario tiene que ver precisamente con el concepto de identidad puertorriqueña. En otras palabras, llegó el momento de la verdad en la que los puertorriqueños tendrán que confrontarse a sí mismos en este ejercicio moral y espiritual. Ejercicio que gran parte de los puertorriqueños le habían estado huyendo "como el diablo a la cruz". Ejercicio que una gran porción sustancial de puertorriqueños, principalmente, los que padecen del problema (o jaibería) de querer tenerlo todo (ej. “querer tener el pájaro en mano y a la misma vez los cien volando”), se las habían arreglado muy bien, hasta la fecha, para  obviarlo, vedarlo y evitarlo a toda costa.

Para estar claros, hago la distinción de que existe otro grupo de ciudadanos, que posiblemente sobrepasamos más de la mitad de la población, que hace mucho tiempo hemos realizado este ejercicio y superado esa etapa de nuestras vidas. Al día de hoy los que nos identificamos en ese grupo estamos más que claros en cuanto lo que queremos y hacia dónde queremos ir en relación al asunto de la definición política de PR, por medio de un status no colonial y no territorial. Queremos movernos hacia adelante y superar este bochornoso escollo colonial inconcluso de la historia y democracia puertorriqueña. Este tema de la indefinición política de PR es uno que nos tiene a los puertorriqueños no solamente divididos, sino, mayor aún, estancados como sociedad, y cada vez nos consume importantes energías en el debate diario. Energías que bien pudiéramos estar empleando en asuntos más medulares como la búsqueda de nuevas maneras de hacer nuestra economía una más robusta, dinámica y sostenible, y en el cultivo de aquellos valores que hagan de nuestra convivencia en sociedad una mejor y más saludable.

Aclarado el punto expresado en el párrafo anterior, me prestaré a retomar la pregunta que dejé en el tintero en los párrafos iniciales: ¿debemos concebirnos los puertorriqueños como un pueblo separado (mutuamente excluyente) del pueblo americano, o, por el contrario, nos debemos concebir como parte integral y funcional de esa sociedad en un contexto más amplio? Hay quienes se preguntan: ¿Dónde encajamos los puertorriqueños en el ideario americano? Lo primero que hay que entender y poner en su justa perspectiva es lo relativo al paradigma sociológico del pueblo americano. Hoy día la población de la nación americana ya no está conformada (si es que alguna vez lo estuvo realmente) por lo que en el pasado se conocía como el "Whiteman-Saxon-Protesant". Hoy día la sociedad americana está compuesta por una amalgama de inmigrantes de diferentes extracciones internacionales, razas y etnias. Y cabe destacar que en ese concierto de etnias y extracciones la hispana ha ido cobrando más poder e influencia cada día que pasa. Y que además, en ese contexto de la influencia hispanoamericana dentro del ideario más amplio la sociedad americana, nosotros como ciudadanos americanos de origen puertorriqueño, en nuestro contexto también de origen hispánico, estamos en mejor colocación con respecto a los conciudadanos americanos oriundos de otras extracciones hispánicas. 

Lo segundo que hay que entender en todo este imaginario es el hecho de que bajo la constitución americana los ciudadanos americanos conformamos un "Melting Pot" bajo la consigna de "E Pluribus Unum". De manera que, lo que nos hace americanos no tiene que ver ni con la raza, ni con el origen étnico, ni con la extracción; lo que nos hace americanos es el hecho de compartir los mismos valores que llevaron a la Revolución Americana e inspiraron la declaración de Independencia de EU. Los que nos hace realmente americanos, sin que eso sea incompatible con ser puertorriqueño, es compartir los valores de la democracia, libertad del individuo, derecho a la vida, derecho a la propiedad privada y derecho a perseguir la felicidad que inspiraron esa gran constitución americana. Lo que nos hace americanos es compartir el fruto del resultado del experimento de la democracia americana, concebidos en la realización del "sueño americano" y el disfrute del "american way of life".

Tercero, ciertamente hay que contextualizar de que es entendible el hecho de que los puertorriqueños de la generación que nacieron de antes de la invasión de USA a PR en el 1898, y que vivieron esa transición, sintiesen sentimientos encontrados en cuanto a su identidad nacional, ya que primero pertenecían a otra nación (España), para luego ser parte de una nueva a la que tuvieron que acostumbrarse (USA). Si bien esto no deja de ser cierto, tampoco deja de ser cierto el hecho de que la realidad histórica y sociológica que nos atañe al día de hoy es totalmente diferente, y mucho mas compleja, que la de esos días. La realidad para los que nacimos y nos desarrollamos en una sociedad puertorriqueña en la que culturalmente ha coexistido con el sistema y modo de vida americano por casi 120 años es otra y bien distinta. Por lo tanto, lo políticamente correcto es decir que somos americanos de idiosincrasia puertorriqueña. Lo que eso significa es que somos un pueblo conformado por la esencia y valores americanos en combinación con lo autóctono del ideario cultural local. 

Cuarto, el pueblo estadounidense está en un punto de inflexión definitorio de su historia. Hay dos paradigmas en pugna: por un lado, el paradigma del "melting pot" o crisol de razas, y por el otro el paradigma de "fortaleza en la diversidad".  El paradigma del crisol de razas (melting pot) postula la asimilación del extranjero que llega a los Estados Unidos a los modos culturales de una nación que se percibe como unitaria y homogénea. La idea es que no importa las nacionalidades de procedencia todos terminan fundiéndose en una nación de cultura unitaria. Por otro lado, el paradigma de fortaleza en la diversidad postula un pueblo americano que acepta la riqueza y fortaleza como nación en la convivencia de grupos, que, aunque con modos culturales diferentes, comparten los valores de la democracia, la libertad del individuo, los derechos civiles, rechazo a la tiranía, el sueño común de superación, la libertad política y religiosa, la cultura de trabajo disciplinado, y la prosperidad y felicidad del individuo.

En ese contexto, hay que entender que la nación americana hoy, sociológicamente muy diferente a la época en la que predominaba el "Whiteman-Saxon-Protesant", se compone de una amalgama o mosaico de nacionalidades, razas y etnias, donde la hispana cobra cada vez más poder. De hecho, hoy día hay más de 50 millones de hispanos ciudadanos americanos y representantes de este sector en todas las esferas del poder estadounidense, tanto en la rama ejecutiva, legislativa y judicial se esa nación. Particularmente existen más puertorriqueños hoy viviendo en los 50 estados de la nación americana que los que viven en el territorio de PR, y esto ha hecho que en el aspecto político los puertorriqueños sean un sector de especial interés para las facciones políticas de USA. Los candidatos a puestos electivos están en constante búsqueda de su apoyo. Mayor aún, cada vez son más los candidatos a puestos electivos de origen puertorriqueño en las distintas esferas tanto estatales como federales.

Quinto, nos guste o no, el desarrollo de la llamada “identidad puertorriqueña” o la concepción que de ella tengamos en la actualidad, se ha dado en el contexto de la relación política, social y económica con Estados Unidos por los últimos casi 120 años. En otras palabras, no se puede hablar de identidad puertorriqueña desvinculándola de la historia que comparten PR con los EU en su relación colonial. La realidad sociológica es que ese enramado de identidad "nacional" que osamos decir tener tiene un gran componente del influjo recibido desde EU en sus  años de historia conjunta. Y este es un importante componente a tener en cuenta a la hora de afirmar que PR es una cosa aparte de EU, o que EU para los puertorriqueños representa una nación extranjera. Nada más lejos de la verdad y la realidad. Y quien así le dice al pueblo lo engaña.

Reflexión de cierre

Mi llamado en este escrito es principalmente a aquellas personas que valoran su ciudadanía americana y la unión permanente con los Estados Unidos de América. El evento del plebiscito de estatus representa esa gran oportunidad de decidir el rumbo al que queremos llevar a nuestra sociedad puertorriqueña. Es tiempo de resolver ese asunto inconcluso, esa herida abierta, porque “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Pero si en ese proceso de definición todavía tiene dudas en cuanto a escoger la opción de la estadidad porque la entienda incompatible con su sentimiento de identidad puertorriqueña, recuerde, en primer lugar, que ya usted es un ciudadano americano, y segundo, que nuestra identidad puertorriqueña contiene un importante e indivisible componente de la sociedad americana, producto del influjo natural de una relación política, social y económica de más de 100 años. En el contexto sociológico del siglo 21 no es incompatible nuestra puertorriqueñidad con el hecho de convertirnos en Estado 51 de la nación americana. De hecho, lo natural debería ser movernos en esa dirección, por que son más las cosas que nos unen a esa sociedad que las que nos separan, una de ellas nuestra ciudanía.

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